Bailar en el escenario y bailar en el social son dos cosas distintas. En el escenario se busca el show: figuras, acrobacias y recursos que en la pista social no tienen sentido. En el social se baila conectado con la pareja y con la música. Confundir ambos —llevar lo del escenario a la pista— es uno de los errores más comunes en la salsa y la bachata.
Lo veo claro porque, antes de la bachata, yo venía de la salsa. Trabajé en discotecas latinas donde sonaba de todo —salsa, cumbia, merengue, bachata— y ahí me hice DJ y bailadora. Por eso, cuando hablo de bachata, no puedo evitar mirar de reojo a la salsa: nos lleva años de ventaja y nos ha dado muchísimas lecciones.
La cenicienta y la niña bonita
Hace veinticinco años, en los congresos la salsa era la niña bonita: orquestas enormes, shows cuidados, todo el foco. La bachata era la cenicienta, lo que ponían de relleno. Los saleros, en cambio, supieron hacer algo muy inteligente: coger su producto y hacerlo más presentable sin perder la raíz.
Fíjate en el caleño. Antes en Europa no gustaba: lo veían muy rápido, muy ajeno. Vino gente que lo trabajó, lo hizo digerible a los ojos europeos… y hoy todo el mundo quiere clase de caleño. Eso es lo que espero que le pase a la bachata: que dejemos tanta pelea y nos pongamos a elevar el nivel.
Escenario y social no son lo mismo
Aquí está la clave que mucha gente confunde. Bailar para que te vean no es lo mismo que bailar en la pista.
Cuando te subes a un escenario, cambia todo: tiene que haber un elemento de show. Un brazo que en el social no harías, una acrobacia que en tu casa no tiene sentido. Y está bien: es otro ámbito, el de la performance. Ahí eres más permisivo, siempre que se mantenga el patrón y la base.
El problema es cuando la gente se lleva lo del escenario al social: se baila como en una demo, se abren de piernas, se hace espectáculo donde no toca. Eso no me gusta. En el social se baila conectado; el escenario es otra cosa.
Y aun compitiendo, yo repito lo mismo: enséñame tu base. Puedes meter show, fusión, lo que quieras, pero yo quiero ver tu pisada. Si no puedes defender un género con sus propios elementos durante dos minutos, algo falla.
Así nació el Mundial de Pasos Libres
Mi campeonato nació precisamente de esa idea. Cuando vi que en los concursos la gente se llenaba de figuras y se olvidaba de los pasos, quise rescatarlos. Por eso se llama Pasos Libres: para que no perdiéramos el juego de pies.
Empezó siendo de salsa. Con los años metí la bachata, y he ido añadiendo categorías para que bailemos más en pareja y no nos separemos tanto. Es un campeonato abierto: compite tanto el profesional como quien nunca ha bailado, y conviven la fusión, la tradicional, la sensual, el cubano, el estilo en línea… Vienen personas de más de treinta países.
¿Mi sueño con él? Llevar la bachata al nivel de la salsa como espectáculo, sin perder la raíz. Para eso hay que estudiar mucho —aprender de los saleros, de otros bailes— y atreverse a crecer.
Lo que de verdad importa
Sea salsa o bachata, cubana o en línea, tradicional o fusión, lo que separa a quien «sabe pasos» de quien baila no es el estilo: es la musicalidad y el respeto por la base. Y detrás de todo, siempre, están los músicos, que son los que hacen posible que nosotros bailemos. A ellos no los olvido nunca.
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